Qué hago?
Me levanto y pongo la mochilita para recorrer los 100Km y 4500m+ de la UTBCN o
me quedo en la cama con la mitad de mi hijo durmiendo encima de mí? Revivo unos
segundos el momento en el cual tenía que abandonar, justo una semana antes, a
mitad de carrera en la Serra de Tramuntana de Mallorca y estoy convencida:
quiero volver a sentir esta sensación bien conocida de gloria que se vive en la
línea de meta, después de tantas horas de camino, de pendientes, de sol o
lluvia, polvo o barro, lagrimas o sonrisas. Y si el diafragma se me cierra otra
vez, que hare?
Decidida
a hidratarme bien y a controlar mi respiración y los impactos en bajadas, me
levanto, me visto, me abrocho el dorsal, controlo el material obligatorio,
desayuno, me lazo las zapatillas de color pink y salgo de casa como Aurora,
deseando que no haga mucho calor.
En la
salida no tengo expectativas, voy saludando ya que conozco mucha gente, me van
presentando nueva y me siento en mi mundo, en mi elemento, y voy a hacer lo que
más me gusta.
En los primeros
kilómetros salgo tranquila, pero rápido tengo al grupo formado entre otros por
Emma Roca, Arnau Julia, Pau Bartolo y Stéphane Brogniart delante. El ritmo es
tranquilo pero en las primeras subidas, sé que yo aquí no tengo nada que buscar.
Bajo el ritmo. Encima mi mochilita y yo hemos venido a hacer una excursión con
amigos al lado de casa.
La excursión
casi se acaba al km 30, en plena bajada hacia Playa de Garraf cuando volando de euforia y deseando que nadie
se caiga aquí entre las piedras sueltas, me quedo con el pie atrapado en una
roca y acabo mi vuelo horizontalmente contra el suelo pedregoso, y tenemos
tanta atracción el uno por el otro que choqueo con la cara ultima. Cuando me
alcanza el grupo de chicos que van juntos con el simpático Xesc Teres en su entreno para la Volta a la
Cerdanya, estoy como fijada en el suelo pero no tan preocupada. Me ayudan a
limpiar un poco la sangre. A pesar de tener las rodillas en mal estado puedo
continuar. Llevo tanta rabia en el cuerpo que sigo bajando a la playa de Garraf
como si no hubiera pasado nada. Allí me curan las heridas mis amigos del
Castelldefels Outdoor juntados de voluntarios alrededor del grande Jose Luis
Cocera. Puedo sonreír. Solo me quedan
70Km. Voy! Yuhu! Desde allí vivo la
carrera como en otro estado, súper relajada.
Después
de la subida a Can LLuca, alcanzo otra vez el grupo de Xesc. El clima es casi óptimo.
Hace calor pero la brisa salvadora arriba refresca. Me da mucha ilusión llegar
a la Ermitat de la Trinitat y aún más viviendo la fiesta que nos dan allí arriba
los voluntarios. Impresionante la acogida. Me encuentro a Javi Castillo que
corre la Long y sin prisa charla conmigo, diciéndome que cree que va tercero. Más
tarde me pasara Isaac Torija, vamos charlando un buen rato en una subida
interminable. El acabara cuarto de la Long.
El
viaje sigue y a mi gran sorpresa voy descubriendo muchísimos caminos nuevos,
caminos con vistas preciosas. Me siento
feliz. Me encuentro a militares pacíficos donando agua fresca desde sus
cisternas. Me siento nueva. Me encuentro a mis niños en un punto de control en
un bosque. Me siento querida y orgullosa.
En
Begues comó un poco de pasta y saludo a Bárbara y Alex de SportVicious, quién me
animan. Como no tengo bolsa de recambio esperandóme, me lanzo de buen humor en descubrimiento
del famoso bucle y sus últimos 30 Km, cuales todo el mundo define como los más
duros de la prueba. No sé lo que me espera y prefiero no pensarlo. Hasta la
llegada al Puig Sant Vincent todo bien. Dejo mi piedrita pintada por Noe y Ann,
hago una foto, sonrió a la vida. En la bajada siguiente tardo una eternidad y
mi humor empieza a cambiar. El terreno es bastante resbaloso y tal cual como
tengo las manos no puedo ni agarrarme a los árboles. Mi culo tocara allí dos veces el suelo de
manera poca suave. A partir de allí no sé en absoluto donde estoy y al llegar a
un bosque quemado, me parezco estar en una película de ciencia-ficción.
Los últimos
kilómetros por Torrelles y Sant Climent para alcanzar por fin la Ermita de Bruguers
se harán largos. Pero aquí estoy en casa otra vez y sé “esta chupado!”. Subo
por las rocas rojas al castillo de Bruguers con alegría. Hasta la última subida
a la torre no se hace tan pesada como lo pensaba. En la última bajada empiezo a sangrar de la
nariz. Un chico belga hace su aparición como si fuera un ángel. Sonríe, es
alegre, en plena forma y tiene pañuelos para mí. Y así llegare a meta,
corriendo veloz, dando la mano a los espectadores más jóvenes y cruzando la
meta con pañuelos en la mano, sal, sudor, sangre por todo el cuerpo y la alegría
de poder tener la acogida de muchos amigos y de subirme al podio, al
lado de Emma Roca, una vez más, igual la ultima ;-)


Otra vez Djanina, gracias por seguir compartiendo tus momentos, gracias por llevarnos contigo, gracias por ser así de apasionada, gracias por no rendirte. De verdad que motivas, apasionas e invitas que queramos ser como tu.
ResponderEliminarPues eso, y con ganas de verte mañana en la presentación "Déjame Vivir"
GRacias a ti!!!!
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