Despierto
en Alp, la ciudad que lleva el nombre de una de mis primeras tablas de
snowboard, cuando ni siquiera me imaginaba que un pueblo de los pirineos se podría
llamar así, cuando ni siquiera pensaba en subirme por montañas que sean otras que las de
los Alpes.
Son
casi las siete y media cuando saludo con mucha alegría a Carles Salvador, una
de las figuras del grupo carismático de los Koalas, para mí el Kupricka del
Montserrat. De allí
me muevo hacia dentro lentamente, parándome a cada pocos metros para saludar. Me
espera el equipo del Summit. Les doy mi orina matinal y les dejo mi cuerpo
para que puedan utilizar mis datos en el estudio que lleva Emma Roca y tratando el tema de las
carreras de ultra montaña y sus límites al nivel de salud. Llega el equipo del 30 minuts
de TV3 y también llega Jaume Gomá, mi “compi”, ya que a los dos nos graba la tele mientras
nos examinan los bioquímicos, y los dos correremos la carrera con sus más de 87 kilometros. Todo el mundo está
de buen humor y esto me reconforta. Creo que mis bromas son más nerviosas que la
normal, pero esto también tiene que ver con el hecho que muchos me consideran
como una “crack”, mientras sé que no vengo realmente a competir, primero porque
no sé competir y luego porque llevo mis molestias encima. Desde que empezó la
temporada voy arrastrando problemas de diafragma y ahora se han convertido en
dolores abdominales, en la zona del costado. También mis soleos están dolorosos,
pero igual esto se arreglara sumando kilometraje.
Judit Franch
me coge en los brazos, me anima y sé que esta triste porque no puede correr con nosotros.
Sé que tendré que acabar, igual como, por ella! Por ella, y por mí, porque
necesito esta sensación que se te da al llegar a la meta de una ultra.
Primera
bajada. Primera agonía. Hace calor y tengo la sensación que mis abdominales van
a desgarrarse. Solo hemos corrido 15 kilómetros y mí dentro no está contento
conmigo. Si no me hidrato lo suficiente, lo pagare muy caro. Pierdo a Xari
de la vista. Intento relajarme. Funciona. Dejo pasar a las dos chicas que
llegaran antes de mi. Me preguntan por lo que me pasa. Intento sonreír. Intento
recuperar buenas sensaciones. Pienso en la TransGranCanaria y como Nerea
Martinez se llevó a Uxue Fraile, intentando explicarle que para acabar mejor había que
tomárselo con calma. Pensé en Ana Bustamante que se prepara para la Tor des Géants. Pensé en cosas sutiles y sencillas. Me puse a soñar. Vivía mi sueño. Corría
tocando las plantas, podía sonreír otra vez, podía hacer fotos de
caballos para mi niña, podía charlar en los avituallamientos con la gente, podía
pararme para escuchar a la gran corredora y mejor persona que es Berta Moreno cuando
me explicaba porque se tenía que retirar. A veces me encontraba al equipo de
TV3 y cada vez que veía al cámara me alegraba. Menos por tener que sonreír en
el objetivo, pero más porque tenía como una familia, unos seres agradables quiénes habian venido por mi. Como iba Jaume? Sabía
que salía con deshidratación y esperaba que pudiera aguantar el calor. Como ya le había visto
correr delante en la Ultra Trail de Collserola en noviembre, confiaba en aquello que iba mejor que yo.
Una vez
en Prullans, mientras empezaba a nublarse el cielo, me sentía con más fuerzas
que al principio. Reía en la cámara y tenía la certitud que mi sistema interno había
escogido el buen boton, la tecla para activar la buena mente para acabar.
La
subida al Refugio del Malniu se hizo dura pero valío la pena. Allí arriba me
esperaban paisajes preciosos y me envolvieron los recuerdos del verano pasado,
cuando me vine para unas noches con mis peques. Les veía saltar descalzos de
piedra en piedra en búsqueda de ranitas en los ríos, pensaba escuchar
sus gritos de felicidad a lo lejos. Perdi rapido el recuerdo y unas lágrimas para concentrarme otra vez en la carrera.
Muchas
de las mariposas eran azules, pequeñas y volaban al lado de mis pies. No me temían.
Igual sabían que llevaba a mis chicas con piel de mariposa conmigo, riéndose a
medias, escondidas en mi mochila. Me empujaban. Así llegue al último
avituallamiento de Guils, volando y feliz. Que alegría encontrarme con Xesc
Teres! El corría la volta entera, 214 kilómetros, le acompañaba un amigo y su
hermano Jaume en los últimos kilómetros. Nos reíamos juntos los últimos 10 kilómetros,
aunque en las bajadas me tenía que aguantar la barriga. Pensaba en ellos,
pensaba en lo que acababan de hacer y me sentía muy pequeña, llena de
admiración y orgullo poder compartir unos kilómetros con estos dispersores públicos
de energía y positivismo!
En mis últimos
metros me saludo de su parte el marido de la campeona veterana de España,
Noelia Camacho. Que atención! Que sentimiento de felicidad por pertenecer a
esta grande familia sin fronteras, tolerante,
solidaria y generosa del mundo del Ultra Trail Running.
Finisher o no, os
estoy eternalmente agradecida.




Enhorabuena Djanina! Gran carrera, mucho más aún con esas molestias continuas.
ResponderEliminarÀnims Djanina! Quan aconsegueixis treure't les molèsties de sobre seras imparable perquè podras gaudir al 100%.
ResponderEliminarY yo seguiré pensando que eres una crack. Bravo Djani! Eres única.
ResponderEliminar