„Cuantos Kilometros vas a correr?“ Es lo
que me preguntaba la mayoría cuando se enteraba de mi participación en la
Transgrancanaria, poniendo una cara de susto y dándome a pensar si estaba a
punto de cometer una locura o no.
Desde
Junio 2012 que tenía la inscripción casi finalizada, ya que solo faltaba el
certificado medical que solo se podía dejar sellar a los tres meses de la
prueba.
Después
de mi primera Ultra-Trail, la que recorre el cami de cavalls de Menorca no tenía
duda de que podría aguantar tantos kilómetros. Más bien temía el desnivel
positivo, sobre todo porque en alguno momento dado, creo que antes de Navidad
me enteré del cambio del recorrido de aquella 10. edición de la prueba y cuando
de repente se trataba de añadir unos 2000 metros positivos más, mi motivación para
la prueba no era la misma. Sentía una mezcla entre miedo y respecto a la cosa.
Y como no, si nunca había hecho tanto desnivel como los 7300 metros que me
esperaban. Al final trague esta cifra, intente borrar la de mi mente y
concentrarme en el hecho de que tenía muchas ganas de vivir la experiencia
Transgrancanaria. Ya en mi cabeza no se trataba más de una carrera, sino de una
excursión o quizás expedición… y mis amigos me habían regalado el vuelo y el
frontal para llevarla a cabo. Mi marido
se encargaba de la casa y los niños. Podía cumplir lo que quedaba para mucha
gente sin recursos materiales o físicos como un sueño inalcanzable. No podía fallar.
Sabía que llegaría a la meta, igual como! Sabía que iba a aprender mucho en pocas
horas ¡
Pasaron
los meses, las semanas y los días. Entrene como podía, dos veces la semana con
las chicas de l’Aurun Store y los fines de semana las tiradas más largas con
mis compañeros del Senglar’s Team.
A dos
semanas de la prueba tengo el cuerpo con pocas lesiones, no me han pillado los
resfriados de los peques, y a pesar de una nervosidad ajena que deja mi corazón
pintar muy mal en el electrocardiograma necesario para conseguir el certificado
medical de la prueba, tanto la prueba del esfuerzo como la análisis de sangre
dan resultados muy positivos. Estoy bien! Estoy super bien!!! A esto se añade como último entreno largo una
tirada a ritmo de ultra-trail, recorriendo 60 Kilómetros con 2500m de desnivel
positivo donde acabo con muy buenas
sensaciones y fuerzas para más. Ya está! Lista! Transgrancanaria 2013 voy!!!!
Llegue a
Las Palmas con una migraña tremenda y mala sensaciones de barriga. Mala señal? Pues una cosa muy normal que nos
toca a nosotras mujeres… cuando no tienes la regla, te pilla la ovulación. Vaya
mierda! Un par de Ibuprofeno más tarde me encuentro con mis acompañantes, Benet
que conocí en la Ultra del Cami de Cavalls y que tampoco tenía idea de tanto
desnivel y Max el simpático italiano de
Castelldefels quien iba a participar en su quinta o sexta Transgrancanaria en
medio de la elite mundial del Trail Running.
Aunque
no me guste mucho, pido hacerme foto con Nerea Martínez y corredor preferido,
Zigor Iturrieta. Allí me doy cuenta de lo que es una carrera internacional.
Nada que ver con las carreras populares que suelo hacer por aquí. Hay muchísimo
nivel. Aquí lo importante es participar
y estar en la lista de los Finishers! Pero aun así en la pasta party comes al
lado de Philipp Reiter y en tu espalda tienes a Miguel Heras. Toda gente muy
normal. Me gusta!
El
viernes hay que ver como matar el tiempo hasta medianoche, cuando se hará la
salida desde el pueblo de Agaete. Nos vamos a una presentación de Marc Olmo, el
italiano de 65 años y leyenda del Trail Running. Hasta este viaje no sabía quién
era y después de la presentación, donde él iba contestando a preguntas me quedo
como si hubiera tenido una visión. Este señor me inspiraba paz, sabiduría y
respecto a las cosas esenciales: los demás, la naturaleza, si mismo. En esta
entrevista lo único que no va a respectar será Berlusconi ;-) Se me graban en
la cabeza 3 reglas suyas para la carrera: los 40 primeros kilómetros habrá que tomárselos
con calma que son las más duros, los 40 siguientes serán para correr, los últimos
40 kilómetros serán para aprovechar del paisaje.
El día
no tiene fin. Todo se gira en comer, descansar y preparar el material. Las
previsiones de tiempo son malísimas y anuncian lluvia fuerte. No tengo chaqueta
con Gore-Tex. No me alarmo mucho pero Juandi está inquieto y me deja una suya
que tenia de recambio. Confió en mi material de Haglöfs. Me he leído las
descripciones por internet antes de salir. Las bambas me inspiran confianza. Me
siento bien dentro y no me importa mucho estrenarlas en Gran Canaria. La
mochila me parece demasiado grande pero por lo visto es impermeable, así que me
la llevo en vez de la Salomon.
Pero
fin llega la hora de salir del hotel. Tengo dolores de estómago todo el día y
la digestión fatal. Casi no me quejo. Intento no pensar en ello y tampoco en el
gemelo derecho que de repente se ha puesto como una piedra. En cuanto al dolor ciático,
lo disimulo bajo un parche de calor.
En
Agaete, todo es fiesta, música. La gente de todas edades vestida de ropa de
salir se mezcla con los corredores, como si se hubieran vestido así solo para
nosotros y para celebrar este evento anual como si fuera reyes. Todo el mundo
parece feliz. El ambiente me tranquiliza hasta que casi tendría ganas de
sentarme también allí en un bar y mirarme el espectáculo con una caña en la
mano. Pero ya viene la hora de la verdad. Hay que ponerse en la cola de la
salida. Mis amigos se ponen en segunda línea, justos detrás de los
profesionales y me siento estresada. Sebastien Chaigneau, ganador del año
pasado y compatriota francés
con quien tuve la oportunidad de charlar por la mañana, me saluda con la mano y
me sonríe. Seguro que he puesto una cara de tonta. Estoy inquieta… que hago aquí?
Mientras
mis compañeros Juandi y Max tiran por delante súper motivados y fuertes,
intento recordar las palabras de Marc Olmo, intento oír la voz en mí interior
que me dice de tranquilizarme, de no seguir el ritmo de esta gente delante. Tengo que calentar este gemelo, tengo que
dejar mi corazón encontrar su ritmo, tengo que ir con respecto a la primera
subida: unos 10 Kilómetros subiendo a 1300 metros en la noche.
Todo el
mundo a mi alrededor va con bastones y van bien. La gente me va pasando. Me da
igual me digo. Quedan 120 kilómetros y puede pasar mucho. Pero sí que dudo de
mi misma en esta primera subida. Los caminos se hacen más estrechos y tengo
gente detrás. Tengo la impresión de molestar, hasta que me doy cuenta de que
aun sin bastones voy marcando el ritmo. Empiezo a ver más claro y mi optimismo
habitual reaparece poco a poco. Por fin llegamos a la cima, se puede correr y allí
voy adelantando a bastones. Corro y corro en solitario, es noche y todo es
nublado. Me da igual, me siento bien, el marcaje parece bueno, empiezo a
levantar el pecho. El ruido de los bastones en mi espalda se oye cada vez
menos. A cierto punto en un corriol sigo
a una pareja que se habla francés y vestida igual. Ella es corpulenta con unas
piernas como jamones, el delgadito. Parecen muy concentrados. Me doy cuenta de
que las señales no están y les aviso. No me dicen gracias, la mujer empieza a
echarle la bronca al chico quien iba delante “te había dicho de fijarte en las señales…
”. Vamos por atrás y los tengo a ellos detrás. Asi me doy cuenta de que mi
frontal no luce! Ahhhh mi nuevo NAO que nunca había utilizado antes ya tiene
las baterías vacias… o a lo mejor un defecto? Se lo comento al chico francés cuando
lo dejo pasar después de su compañera estresada por el camino correcto y no me
hace caso! Le digo que si me podría poner
luz para que cambiaría las baterías y le da absolutamente igual! Justo después viene
un chaval canario y el si que se para para ayudarme. Me cambia el mismo las baterías.
Le digo que lo siento haberle parado y me contesta “Yo no tengo prisa! Tu quizás?”.
Esta es la actitud que conozco! Vamos
los dos subiendo juntos, en las bajadas nos perdemos de vista y en subidas le
alcanzo otra vez. Me felicita por mi nivel de castellano y a cierto punto el
camino es una pendiente de asfalto que sube a una cima con una roca enorme.
Parece que está nevando. Voy genial. Adelanto a mucha gente, adelanto a los
franceses y desde allí de tanta rabia voy como una moto. Llego al lado de un
chico que parece sufrir. Le pregunto si está bien y si necesita algo. Charlamos
un poco. Viene de Asturias y ha hecho varias Ultra-Trails. Le animo diciéndole que
es joven y fuerte. Me deja adivinar su edad y bajo la luz del frontal le doy
unos 27, como mi compañero de entreno Oscar a quien me deja pensar. Tiene 28 me
dice y me pregunta por mi edad. Cuando le digo que tengo 40 no se lo quiere
creer. De repente en la noche el cante de las ranas esta callado por el de una
ambulancia. En aquel momento sabes que vienen a por un participante y deseas
que no sea nada grave. El jovencito me dice que vienen a recogerle a él. Me rio
y le contesto que para una chaval de 28 años asturiano seguro que no vienen. Le
ánimo y me voy. Me siento fuerte. No
siento ni frio, ni lluvia, ningún dolor. No pienso en nada. Corro sin pensar si
el ritmo esta adecuado o no, por sensaciones, sensaciones indescriptibles. Me
siento libre y feliz!
Se hace
de día y esta transición me encanta, aunque de sol no se ve ningún rayo. La
lluvia está cada vez más fuerte y las nubes dan al paisaje un aspecto místico. Voy
absolutamente sola y corro en el barro de un camino forestal donde muchísimos
otros pies dejaron sus huellas. Voy mirando las huellas y me rio mucho pensando
cual serán las del Zigor y que si le viera en la meta, le diría que tarde tanto
porque intentaba seguir sus pasos ;-)
No sé a
qué punto de control era, cuando de repente y después de haber saludado, comido
y recargado bebida veo a una silueta femenina con bastones que justo pasa la
alfombra de tiempo. Salgo con ella y muy rápido vamos hablando. Se llama
Dreama, viene de USA y vive en Alemania y se convertirá en el mejor contacto de
la carrera. Ella está un poquito preocupada por la posición que llevamos. A mí
me da igual. Ni lo he preguntado ni me lo han dicho. Sigo corriendo como puedo
y ya está. Compartimos las dos las bajadas técnicas sobre rocas resbalantes,
subidas empeñadas, cruzamos rieras y saltamos muros, le aguanto los bastones
cuando tiene que aliviarse, llegamos las dos en el punto más alto, la espero
antes de entrar en el control de Garañón al kilómetro 80, clave de la carrera. Aquí
nos vamos a cambiar y a comer algo caliente. Si hemos llegado aquí acabaremos
la carrera. Después de quitarnos la ropa empapada, de hacernos unas fotos
continuamos nuestro camino con muchas ganas, aunque Dreama tenga unos dolores en
un pie. Pero es fuerte. La ánimo y más allá ella me animara cuando me entraran
dolores de barriga. A cierto momento vamos pasando una chica con brazalete
identificando que correr la larga. La pobre está hecha polvo. A pasarla en
subida la animo. Pero sé que vamos ganando plazas y como nos había dicho en una
avituallamiento que íbamos 5 y 6, ya nos veíamos entrar en meta como 4 y 5. Íbamos
bien aunque en las subidas se dejaba notar el cansancio. Desde Garañón nos acompañaba
el sol y cierto calor así que los paisajes eran encantadores y con esto
intentaba yo distraerme y animar a Dreama. Me sentía responsable de ella. Me sentía
mayor y con más dureza mental. Recuerdo entrar y salir en uno de los últimos controles
en Teror a toda velocidad, provocando así asombro en las caras de la gente
asistiendo al espectáculo. Y Dreama con sus bastones siguiendo.
En el penúltimo
avituallamiento nos alcanzó Benet. Que sorpresa! Todo el tiempo pensaba que había
seguido a Juandi y Max y que iba delante con ellos. Nos preguntábamos como andaban los dos. Benet se sentía
super bien y como quedaban pocos kilómetros se fue corriendo animado, diciéndome
que nos veíamos en la meta. Y sí! A
cierto punto piensas que cada minuto vas a llegar… pero no es así! Nos encontramos
de repente con lo que llaman el barranco, una riera seca llena de piedras. Alli
empeze a enfadarme y de tanto enfado me puse a correr a tope los más o menos 3 kilómetros
de barranco. La gente iba andando allí, y la mayoría tenía el brazalete azul,
es decir que participaban en la carrera de 83 kilómetros, la advanced. Cuando veían
que teníamos el brazalete amarillo, se paraban y gritaban a los demás delante
para dejarnos paso. Y cuentos ánimos hemos tenido! Una pasada! Una vez pise mal
pero seguía y seguía a buen ritmo, saltando entre las piedras, así que en el último
avituallamiento pille a Benet otra vez.
Los que
me conocen saben que no tengo paciencia y en aquello momento sigue todo el rato
con Benet hacia delante, casi sin mirar atrás a por Dreama pero pensando en
ella y sabiendo que iba a seguir y que no me lo cogería mal. La noche volvió y
tuvimos que sacar otra vez los frontales. Habia bebido coca-cola en el último
avituallamiento y se me puso como una capa encima de los dientes con una sensación
muy desagradable en la boca. Tenía ganas de caldo para quitarme este sabor, ya
que ni siquiera el agua ayudaba. Las últimas subidas eran durísimas. Mi humor
desde el barranco malísimo pero Benet intentaba calmarme. El último tramo antes
de llegar al mar pasaba por una zona industrial donde ni se veía la meta. Solo
se podía oír de vez en cuando la música. Me pareció interminable. Tenía ganas
de matar los organizadores de la prueba por haber puesto este final.
Solo
una vez cruzar la calle, entrar por un parking y allí ver a Juandi y Max
cambiados y fresquitos me dio un último suspiro y me dejo acabar con un sprint
y un salto de felicidad. Ni me di cuenta de que en el micro llamaban mi nombre
y comentaban que era la ganadora de la Ultra Trail de Menorca, ni sabía qué posición
llevaba al final. Era todo igual, todo excepto esperar a Dreama y cogerla en
mis brazos por unos segundos antes de dejarme llevar por mis compañeros de
viaje a una cerveza…. y realizar que me habia conocido a mi misma un poco más y que parece que haya mucho más en mi por sacar ;-)

Djanina, es muy emocionante leerte!! Voy por la parte en que Sebastien Chaigneau te saluda y me pongo en tu lugar y creo que después de eso yo no hubiera podido dormir. Como para ti Igor, Sebastien es mi corredor favorito (empatado con Kilian) en masculino. (En femenino es Emilie Lecomnte).
ResponderEliminarEstoy por lo de la pareja de verad antipática que no te quiso ayudar a cambiar las pilas de tu frontal... Me parece una muestra de egoísmo enorme, como pocas veces he sabido que ocurre en este deporte. ¡Qué gente más fuera de lugar! Me ha dado mucha rabia y creo que me hubiera puesto a llorar, pero no por las pilas, sino por la decepción de saber que hay gente así.
Voy a seguir leyéndote!!!
Uff, Djanina... Es emocionantísimo. Tu Transgrancanaria ha sido toda una experiencia vital.
ResponderEliminarIntentaré hacerla el próximo año. Y si tú quisieras repetir, será un honor compartir algunos kilómetros contigo.
¡¡Fantástica!! ¡Nos vemos muy prontito!
Atalanta.