No podré poner muchas fotos porque me había quedado
sin batería de móvil y sin la luz del flash de la camera quedaba todo negro. No
pondré fotos pero me quedo con la cabeza llena de imágenes, olores y
sentimientos.
La única fuente de luz que tenía era mi
reloj GPS, cual y no sé por qué misterio se quedó en mi muñeca duchándose conmigo
tras haber hecho el entreno matinal de unos 15Km de Castelldefels a la playa de
Garraf. La idea que tenía en aquella mañana era llevar Ivet, una jovencita corredora
ilusionada corriendo hasta Sitges y tomarse allí el bañito recuperador, pero
debido al calor que se hacía a las 8 de la mañana ya, después de la segunda
pendiente sin sombra, decidí cambiar el destino de la excursión matinal, que se
quedara para Ivet (eso espero) como un recuerdo para siempre.
El día iba pasando con todas sus tareas
hasta la tarde cuando llego otra amiga, Ale. Con ella habíamos quedado para
hacer una escapada a la Costa Brava pero viendo el poco tiempo que teníamos y
comparando el disfrute con el gasto de gasolina que suponía un tal viaje, optamos
por irnos a Sitges y de allí pensé en dejarle seguir el GR92 y enseñarle la
Ermita de la Trinitat, para mí una lugar de los más mágicos de la zona. Esta
Ermita con todo su esplendor blanco destaca por su sencillez y modernismo. Localizada entre el peaje del Túnel de Sitges, de una cementera, de las carreteras de las
costas, sobresale en su rincón como un oasis, donde todo inspira a paz y amor.
Cuantas veces estuve allí, deseando abrazarme con alguien en un silencio hecho
de horizonte encantador donde el mar desprende un azul marino tranquilizador que
se junta ante la vista con el verde vertical de una naturaleza sorprendentemente
húmeda.
Después de tantas exclamaciones y fotos y
risas, bajamos la dos encantadas otra vez por “corrioles” y pistas al mundo cosmopolita
de Sitges, donde nos tomamos algo en la playa del Terramar antes de ponernos a
caminar hasta el centro neurálgico del lado playero de esta pequeña ciudad turística
y única. Ale tenia dolores de cabeza y tenía que volver a Barcelona, yo por mi
parte tenía ganas de más, y de cierta manera, como en muchas ocasiones últimamente,
quedarme sola y observar el rumbo humano con sus pasos, sus miradas, sus voces e
imaginarme quien era de donde y como. De repente me acorde que tenía que volver
con el tren y que podría ser oportuno mirarme en internet los horarios para
coger el último viaje a Castelldefels. Me quedaban 10 minutos y aún no había pagado
mi cena. Me relaje. No podía ahora interrumpir mi paz interior, por una vez que
estaba sin niños y sin compromisos. Pedí la cuenta, la pague, de camino me encontré
a Tito y ya le comentaba que estaba dispuesta a irme por el monte a casa. Él se
lo tomaba como una especie de broma mía. Yo ya lo había asimilado, y más que
esto, era mi oportunidad de vivir algo insólito, una experiencia íntima,
recorriendo un camino que me conocía de memoria.
Cuando llegue a la estación de tren con
toda tranquilidad, sabía que solo había ido allí para comprobar que no había más
manera de volver a casa que utilizando mis propios remedios, a saber mis
piernas y mis pies calzados de chanclas. Me sentia animada y feliz por haberme perdido el tren!!!!
Mientras comprobaba que la batería del
móvil estaba llegando a su nivel más bajo, me planteaba en detalle los caminos
que cogería y miraba hacia el cielo. Sabía que a ratos no tendría mucha visión.
Pensaba en mis amigos Marcos Bajo y Minerva que andan por la vida con poco o
ninguna visión. En algunos tramos, con el olfato bien alerto, andaba con los ojos
cerrados. Olía a verano, a tierra pura. Cuando abría los ojos veía la silueta de
las montañas y me sentía pequeña y grande a la vez, paso tras paso, a veces
corriendo. Lo que llegue a reír y sonreír allí arriba. La situación me parecía absurda
como mágica a la vez. No tenía frontal, iba sin agua, barritas, en chanclas y
disfrutaba la mayor parte. En algunos tramos oscuros pensaba ver jabalís allí esperándome.
De jabalís solo me encontré uno y se asustó el más que yo. Pensaba en gente que
tenía que huir de sus casas en plena jungla y sabía que lo mío era de risa.
Al final conseguí llegar a casa, después de
casi 4 horas que se pasaron volando. Un tiempo mágico, una naturaleza
espectacular y hospitalaria, él sentirse animal, el destino detrás de cada curva, el eco de una
voz, el recuerdo de esta voz y su temblor en las palabras, el recuerdo de un
beso y de las vibraciones de dos cuerpos pegados en la noche, un sentimiento de
felicidad, euforia llena de ilusión, algo de miedo en un rincón del alma pero
una gran promesa al mundo secreto que iba siguiendo mis pasos en aquella noche…
Al final el sol se levanto y yo con el. Igual solo me quedare con el recuerdo y una canción que tenia en la cabeza durante el viaje:
Rastaman vibration,
Live if you want to live
If you get down and you quarrel everyday,
You're saying prayers to the devils, I say.
Why not help one another on the way?
Make it much easier. (Just a little bit easier)
Say you just can't live that negative way,
If you know what I mean;
Make way for the positive day,
'Cause it's news (new day) - news and days -
New time (new time), and if it's a new feelin' (new feelin'), yeah! -
Said it's a new sign (new sign):
Oh, what a new day!
Live if you want to live
If you get down and you quarrel everyday,
You're saying prayers to the devils, I say.
Why not help one another on the way?
Make it much easier. (Just a little bit easier)
Say you just can't live that negative way,
If you know what I mean;
Make way for the positive day,
'Cause it's news (new day) - news and days -
New time (new time), and if it's a new feelin' (new feelin'), yeah! -
Said it's a new sign (new sign):
Oh, what a new day!

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